Invierno: La mejor emergencia es aquella para la que nos preparamos

Carlos Bernales Espinoza. Director Regional SENAPRED Maule. Máster en Gestión y Reducción de Riesgo de Desastres. Ingeniero en Prevención de Riesgos.

Con la llegada del invierno, las bajas temperaturas, las lluvias intensas, el viento y los sistemas frontales vuelven a poner a prueba la capacidad de nuestras comunidades para enfrentar situaciones de emergencia. Cada año observamos cómo las precipitaciones generan anegamientos, cortes de energía eléctrica, problemas de conectividad, filtraciones en viviendas e incluso situaciones de riesgo para las familias más vulnerables.

Los pronósticos climáticos para esta temporada indican que podríamos enfrentar un invierno más intenso de lo habitual, con eventos de lluvia concentrados y episodios meteorológicos que podrían afectar distintas comunas de nuestra región. Frente a ello, la mejor herramienta sigue siendo la prevención.

La gestión del riesgo de desastres no es una tarea exclusiva de las autoridades o de los organismos de emergencia. Comienza en nuestros propios hogares y depende de acciones simples que pueden marcar una gran diferencia cuando se presentan condiciones adversas.

Una de las primeras recomendaciones es revisar los sistemas de calefacción antes de utilizarlos de manera permanente. Estufas a gas, parafina, leña o electricidad deben encontrarse en buen estado de mantención y utilizarse siguiendo las recomendaciones de seguridad. Cada invierno lamentamos accidentes asociados a incendios o intoxicaciones por monóxido de carbono que podrían haberse evitado mediante una revisión preventiva.

Asimismo, es importante verificar que las canaletas y bajadas de aguas lluvias se encuentren limpias de hojas, tierra y otros residuos acumulados durante el año. Cuando estos sistemas se obstruyen, el agua busca nuevas vías de escurrimiento, provocando filtraciones en techumbres, muros y viviendas, generando daños que muchas veces son evitables.

Otro aspecto frecuentemente olvidado son los resumideros y sistemas de evacuación de aguas lluvias ubicados al interior de los patios y jardines. Mantenerlos despejados permite que el agua escurra adecuadamente y evita la formación de micro inundaciones que pueden afectar viviendas, bodegas y espacios comunitarios.

La preparación también implica contar con elementos básicos para enfrentar eventuales contingencias. Es recomendable disponer de linternas, pilas, radios portátiles, cargadores para teléfonos móviles, agua potable, medicamentos de uso permanente y una reserva mínima de alimentos para algunos días en caso de interrupción de servicios básicos.

Igualmente, importante es mantenerse informado a través de los canales oficiales. Las alertas y recomendaciones emitidas por las autoridades permiten adoptar medidas oportunas y evitar la propagación de rumores o información incorrecta que solo genera incertidumbre en momentos complejos.

Como comunidad debemos recordar que la prevención es una responsabilidad compartida. Un vecino que limpia su canaleta, una familia que revisa su sistema de calefacción o una junta de vecinos que identifica puntos críticos de anegamiento está contribuyendo directamente a la seguridad de todos.

Prepararse no significa alarmarse. Significa actuar con responsabilidad y anticipación. El invierno forma parte de nuestra realidad y cada temporada nos entrega la oportunidad de reducir riesgos mediante acciones simples, económicas y efectivas.

Hoy es el momento de revisar nuestros hogares, conversar en familia sobre qué hacer frente a una emergencia y fortalecer la organización de nuestras comunidades. Porque cuando la lluvia llega, las decisiones preventivas que tomamos con anticipación pueden marcar la diferencia entre una dificultad manejable y una emergencia mayor.

La seguridad comienza en casa y la prevención sigue siendo la mejor inversión para proteger a nuestras familias y comunidades durante este invierno.

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