El Centro / Opinión

Consumo y endeudamiento responsable

Jorge Brito O | Fecha de Edición: 06-03-2013

 

Para muchas familias marzo es un mes que representa lo peor del consumo y deben necesariamente acudir a su efecto inmediato que es el endeudamiento. Dos tercios de los chilenos viven con ingresos más cercanos a países del tercer mundo que a los de la OCDE y deben cubrir sus gastos básicos y regulares recurriendo al crédito.
Por eso, en Chile la población en estas circunstancias no es feliz de acuerdo a lo indicado por las diversas encuestas  como sí lo es en otros países más pobres porque, a fin de cuentas, el endeudamiento es un cáncer que afecta a las familias y las sume en la depresión y angustia por cumplir con los pagos y con las necesidades del grupo familiar. A eso agreguemos que el 70 por ciento de los trabajadores gana menos de 400 mil pesos y tenemos un cóctel que es la causa de la violencia  que se manifiesta a diario y en que la delincuencia sólo es un elemento más de la cadena de efectos del endeudamiento.
No parece que esta situación vaya a cambiar en el futuro, al menos inmediato. Dos décadas de crecimiento sostenido han incorporado a miles de personas al sistema de crédito y es la base sobre la que se sustentan más de dos tercios de chilenos que están endeudados por varias veces su ingreso y en algunos casos por varios años.
Para paliar en parte esta angustia de las familias, surgen espontaneas iniciativas que apuntan a disminuir la carga crediticia de las personas. En Talca durante la peor parte de la crisis económica de hace un par de años trabajamos con pequeñas comunidades en un programa que sirvió para educar a las personas en el consumo responsable, evitando gastos que la mayoría de las veces son innecesarios y fortaleciendo la capacidad de producción para el autoconsumo.
Más de la mitad de lo que gasta una familia mensualmente es destinado a alimentación. La inflación de productos alimenticios en Chile en enero alcanzó el cinco por ciento y en varios meses del año pasado se empinó sobre el nueve por ciento. Por eso también vemos la producción para el autoconsumo como una alternativa viable para disminuir el sobreendeudamiento  de las familias. Huertas domésticas donde se cultivan hortalizas, frutas, hierbas medicinales o legumbres para el consumo familiar, aprovechando espacios en los patios e incluso en terrazas de los departamentos, planificar el consumo en función de las necesidades y el presupuesto, es realidad en muchos países y una importante arma para racionalizar  el gasto de una familia y reducir el sedentarismo.
También creemos que una formación adecuada, respecto de las posibilidades de gasto en relación al ingreso, es necesaria para educar a las personas en un consumo responsable y una economía familiar sustentable.  A lo mejor hay que volver a dictar los cursos de economía doméstica a nivel de colegios. Muchas veces hay que decir no al crédito tentador, y muchos de los gastos que se realizan no son necesarios y tienen que ver más con nuestra idiosincrasia aspiracional que con las necesidades de consumo de la población.
A fin de cuentas el consumo es un círculo vicioso que genera adicción y  que asfixia cada vez más a las familias especialmente a las más necesitadas  y repercute sin lugar a dudas en la salud de las personas, sus familias y en el funcionamiento de las instituciones, formando hábitos y conductas que no benefician en nada al fin último de la sociedad que es buscar el bien común y la felicidad para todos sus integrantes.

 

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