Celinda Lilian Letelier. Dra. en Sociología y Cs Sociales Universidad Nacional de Brasilia – Flacso. Profesora de Filosofía – Pontificia Universidad Católica Santiago Chile.
Como era previsible, y de acuerdo al rendimiento, la evaluación, y el seguimiento político que, la actual gobernanza venía sosteniendo en las diferentes encuestas de opinión (Cadem, Panel ciudadano, Criteria entre otras), (ver en https://www.diarioelcentro.cl/2026/05/01/el-presidente-y-las-encuestas/), el presidente José Antonio Kast en función de las facultades que le otorga la ley y el cargo, tomó la decisión de realizar el primer ajuste de su equipo de gobierno ministerial. Y, fueron dos los ajustes más relevantes realizados, y concentrados preferentemente en dos ministerios políticos: seguridad y secretaria general de Gobierno responsable por la vocería y las comunicaciones.
En la búsqueda de un horizonte de comprensión que permita ordenar los hechos, vale consignar primero que: este gobierno no tuvo ni tiene como propuesta política, continuar con el proceso gatillado en democracia en pro de la igualdad de género, ni tampoco tiene, el compromiso de seguimiento con la promoción e integración de las mujeres en los diferentes espacios del quehacer público. Y, es en este marco referencial, en el que se busca evaluar y hacer seguimiento, a la salida del espacio del comando político a dos mujeres: Mara Sedini del Ministerio General de Gobierno a cargo de la vocería, y Trinidad Steinert del Ministerio de Seguridad.
En un primer intento de explicación de lo ocurrido, es evidente que, de acuerdo a la teoría de juegos, ambas “mujeres” terminan siendo el pato de la boda, o el chivo expiatorio, de un diseño de gobernabilidad economicista androcéntrica desde el punto de vista de la ingeniería socio-política, con una estrategia en la planificación y selección de equipo: jerárquica en términos de su composición, y, de participación en la toma de decisiones.
Al decir de la mayoría, se trataría de un gobierno que actúa y actuó de manera improvisada e irresponsable. Aunque en el fondo, es jerárquico autoritario, debido a que, al fin de cuentas, el sentido último es tomar el control y el manejo de las finanzas públicas, el control del gasto fiscal, en una direccionalidad e intención que buscará ejecutarse con tres factótums masculinos: Quiroz, Arrau, y el equipo del segundo piso liderado por Irarrázabal.
En efecto, se trata de un diseño, que no contempló desde un inicio la relevancia que tienen a la hora de gobernar: el manejo y la experiencia política, el conocimiento en relación al funcionamiento de la institucionalidad gubernamental, el conocimiento de los actores políticos, el funcionamiento de los poderes del Estado, y en la actualidad de los medios de comunicación. Intencionalmente o no, es decir, conscientemente o no, usó y usa en su puesta en escena, a “independientes” políticos, a modo de piezas de recambio fácil, al detonar de los fusibles.
En ese contexto, en este primer ajuste, el hilo se cortó por lo más débil, porque desde el inicio, y desde un diseño impropio, se planificó exponer al desgaste dos cargos ministeriales valiéndose de: dos mujeres, sin experiencia ni respaldo político, independientes, que resultaron ser un fiasco, a dos meses de instalación del gobierno.
Ambas mujeres, por visibilidad pública, por errores propios y de otros, incluido los del propio presidente de la república, acumularon el mayor rechazo de parte de la ciudadanía (aunque no son las únicas), haciendo inviable su continuidad en el gobierno. Salen por lo tanto de sus respectivas carteras con un triple daño: social, personal, y profesional. Y lo hacen, en un proceso de evaluación y seguimiento, en el que no se alcanza a determinar el sentido de responsabilidad política del factótum del segundo piso: el equipo liderado por Irarrazabal que las seleccionó para estos puestos.
En segundo término, y en lo que se refiere al reemplazo propiamente tal, se repone la figura del uso de biministros, ambos hombres, con respaldo político, con conocimiento y legitimidad partidaria, con sustentabilidad profesional, con experiencia en el manejo de las relaciones sociales propias a este quehacer. Se refiere al Biministro de Interior y Vocería Claudio Alvarado, y al ahora, Ministro de Seguridad Martín Arrau.
En la contra cara “oculta”, de la forma operativa en la que se ejerce el dominio patriarcal para efectos comunicacionales, y a modo de señal pública, este cambio viene a reforzar la idea subyacente a este gobierno: las mujeres no sirven para este tipo de trabajos y funciones. Y, si son independientes, como no hay compromisos políticos, es más llevadera la salida, el reemplazo, y, de paso, se va restaurando la presencia de un ordenamiento desigual de género. Es decir, se trata de constituir y legitimar un diseño de gobernabilidad basado en:
- una distribución asimétrica respecto de la inclusión de las mujeres al poder político, ya existente en la configuración del gabinete presidencial desde el 11 de marzo del 2026, pero que ahora, busca establecer un ordenamiento referencial para la población.
- Y, simbólicamente, una distribución asimétrica, para que la ciudadanía y sobre todo las mujeres, internalicen la visión de que: la conducción y el liderazgo de protección, autoridad, y cuidado desde el Estado, en los mandos más altos de dirección, y por cierto desde “esta” gobernanza, se hace y se hará de mejor manera cuando son “hombres” los que ejercen determinados cargos.
En este mismo sentido asimétrico, el ajuste realizado refuerza la concentración del poder político en la figura de un “biministro”, hombre, que además contiene implícitamente el refuerzo del padrón de comportamiento cultural patriarcal. El valor del empoderamiento cobra fuerza en un hombre, porque ahora si se privilegia la experiencia, la presencia del respaldo político (UDI), la trayectoria social y pública del actor: Claudio Alvarado.
Resta saber si se hace para consolidar el desgaste, o para inversión en aprobación. El tiempo y la contingencia lo dirán porque dicho sea al pasar, no se trata de que la derecha política tradicional, y la misma UDI, no tengan mujeres con habilidades y destrezas comunicacionales, manejo y tonelaje político, para ocupar este cargo u otro, en la ejemplificación, aparecen dos nombres: Isabel Plá y María José Hoffman. Pero, como al parecer, de lo que se trata, es de consolidar un diseño y una estrategia de gobierno que no contempla la politización partidaria de la gobernanza (con la UDI y con RN), y, tampoco, la visibilidad de las mujeres políticas, en un ordenamiento social excluyente y no integrador, hay que dejarlo ahí no más, para decantar.
Ahora bien, dada la historia reciente del país, es conveniente explicitar que, tanto el diseño como este tipo de empoderamiento de la masculinidad, comienzan a constituir una agresión o violencia simbólica hacia las mujeres que, en el pasado, se atrevieron a ejercitarse desde estos cargos, y hacia las mujeres en general, en el sentido de inhibirlas a definirse y constituirse desde estos espacios. Todo ello porque no se ajustan al modelo de comportamiento y disciplinamiento del movimiento Schoenstatt en relación con el modelo típico ideal de lo que deben ser las mujeres y la feminidad.
A estas alturas, cabe preguntarse si: ¿estamos indirectamente ante una reverberación en el espacio de la política, de la instalación de la pedagogía del miedo, o de la pedagogía del terror al decir de Rita Segato? A modo de hipótesis, de lo que se trataría, es de una instalación social sostenida en una pedagogía del miedo orientada hacia que las mujeres recuperen el rol reproductivo tradicional, reforzando la maternidad, y no se posicionen ni busquen identificación desde otros modelos. Por lo mismo, se trataría de un diseño ideológico estratégico que busca de manera intencional, invalidar gradualmente la integración de las mujeres al quehacer político, valiéndose de artilugios de exposición mediáticos, y de posicionar, y colocar en cargos, a mujeres “independientes” que anticipadamente, se sabe, no darán el ancho para el puesto o cargo. De esta manera, la ciudadanía y las mismas mujeres comienzan a internalizar la duda y la desconfianza, sobre la capacidad real que tienen, en cuanto sujetos activos, para insertarse en estos espacios de alta dirección.
Por otra parte, y al interior del mismo horizonte de comprensión establecido al inicio, surge el segundo elemento a considerar para explicar por qué el hilo se cortó por lo más débil. Y para ello, se considera la evidencia relativa a que otros ministros y ministras también estaban y están siendo cuestionados, y con baja aprobación ciudadana. Según la encuesta Data Influye de Mayo, y considerando solo a los ministros más conocidos en la opinión pública, los desempeños deficientes y desaprobados son los de: Ximena Lincolao Pilquián (en Chile), Ximena Hartsock o Ximena Lincolao Gates (en Estados Unidos), la ministra Ximena Rincón, el ministro Iván Poduje, la ministra Natalia Ducó, y el mismísimo ministro de hacienda Jorge Quiroz (el segundo factótum abordo).
En efecto, tanto en las encuestas de Criteria como en la de Pulso Ciudadano del mes de abril, y en lo que va de mayo, Jorge Quiroz no consigue alcanzar el mínimo de aprobación, y claramente es desaprobado por la ciudadanía. Es decir, estaba y continúa estando, al mismo nivel de “deficiencia” que las dos ministras salientes. Por lo tanto, al compartir estos indicadores de evaluación, se encontraba en la misma puerta de salida que Sedini y Steinert. Sin embargo, “a la hora de los quiubos”, el presidente decide que sean dos mujeres el pato de la boda o el chivo expiatorio para salvar a uno de sus ministros claves: Jorge Quiroz el factótum de hacienda, del presidente, y del mundo empresarial en el gabinete.
Y aquí, no se trata de evaluar el trabajo de Quiroz, porque nadie podría afirmar que el ministro no esté realizando su trabajo, sino que se trata de buscar las razones por las cuales la ciudadanía desaprueba su gestión. En este sentido, la ciudadanía está evaluando el perfil comunicativo y de posicionamiento con el que una autoridad define su desempeño ante la comunidad. Lo que se evalúa es el trato, las habilidades sociales que despliega, y a estas alturas la propuesta de gobierno que encarna. Es decir, no solamente se evalúan las disposiciones técnicas y profesionales del ministro. Hoy por hoy, Quiroz es quién encarna los propósitos y el proyecto del gobierno con mayor visibilidad. Y, no es por acaso que sea él, junto al presidente, los hombres que concentran los mayores niveles de desaprobación ciudadana. Por lo mismo, y como el cuento se explica por sí solo, y el dato mata el relato, queda clara la justificación de las razones de salida de las dos mujeres, ex ministras.
Al cierre de esta opinión, conviene señalar que en el corto plazo y desde el punto de vista del juego político y el escenario palaciego, el presidente, realizó una jugada rápida y tal vez eficaz para detener y contener el desgaste y el déficit, sin embargo, a mediano plazo, se le comienzan a acabar los fusibles del tablero, porque no se observa una reposición de las piezas en el diseño, y, porque las piezas fundamentales seguirán en exposición. Por lo tanto, más agua correrá bajo el puente, y seguro que nos seguiremos preguntando cuáles serán los siguientes ministros y ministras que pagaran los costos de la desaprobación del gobierno, de su diseño, y por cierto de Quiroz como factótum, ya que el presidente Kast es inamovible por cuatro años.





