Celinda Lilian Letelier. Doctora en Sociología y Cs Sociales Universidad Nacional de Brasilia – Flacso. Profesora de Filosofía – Pontificia Universidad Católica Santiago Chile.
En ese mismo orden, el 31 de mayo siguiendo la constitución, se llevó a cabo la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, y en el futuro próximo, el 21 de junio, si ninguno de los candidatos obtiene el 50. 1% de los votos, realizar el balotaje para identificar quién sucederá a Gustavo Petro el actual presidente.
A diferencia de Chile, se escogen presidente y vicepresidente en una elección única, es decir que no incluye otras elecciones. Y de acuerdo a la Registraduría General de Colombia, institución similar al Servel, que lleva adelante el proceso electoral, el cuadro de los inscritos e inscritas en esta competencia son 14.
Fueron 14 candidaturas las que disputaron los votos de 41.2 millones de votos, casi dos veces más de habilitados para votar que en Chile. Y, de acuerdo a las informaciones provenientes de diferentes encuestas, tres fueron los candidatos presidenciales que tuvieron la posibilidad de pasar al balotaje, ellos son: Iván Cepeda (sucesor de Petro y de izquierda), Abelardo de la Espriella representando a la extrema derecha, y Paloma Valencia representando el centro democrático.
Sin embargo, Iván Cepeda de la Izquierda y Abelardo de la Espriella de la ultra derecha son quienes pasaron al balotaje, en un contexto en el que ya se detecta la polarización política de la información de parte de los mismos sondeos. Entre otras cosas, porque la polarización vende más, rinde y toma el control de las opciones.
Perú
En este país la primera vuelta electoral se llevó a cabo el domingo 12 de abril en un modelo de elección similar al de Chile ya que también ese día se escogió a los representantes del Congreso. Aunque, la diferencia radica en que, en dicha elección, también se escoge por votación popular al vicepresidente de la república.
Según los datos del Registro Civil de Identificación y Estado Civil peruano, los habilitados para votar son: 27.356.578, es decir, aproximadamente 12 millones más que en Chile. Y, tal vez sea por la densidad electoral, así como la cantidad de candidatos inscritos que fueron 35 en total, el conteo de los votos, así como los resultados finales demoraron más de lo debido en la entrega de los nombres de quienes pasarían a segunda vuelta.
Efectivamente, según el Jurado Nacional de Elecciones, la población electoral en Perú para estas elecciones aumentó considerablemente sobre todo entre los jóvenes en un 8%, y tiene un total de 43 partidos políticos inscritos.
Por lo tanto, el domingo 7 de junio se enfrentan: Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Derecha conservadora y con sesgo populista, por un lado, e izquierda por otro lado. Ambos con trayectoria y experiencia política en otros procesos electorales, y con apoyos de diferentes fuerzas políticas hacen difícil predecir quién llegará al gobierno.
Tanto Colombia como Perú son países fragmentados políticamente. Y, como en otros países de la región, y del mundo, las elecciones ya están siendo capturadas por los algoritmos del big data aplicando tecnologías que controlan y dirigen la atención y la elección de la ciudadanía. Dicho sea de paso, la polarización hecha por el algoritmo en un porcentaje de la población, permite la identificación rápida de determinados clichés o frases hechas sobre la base de información falsa, no razonada, sin seguimiento de la veracidad que formulan, y para la cual no hay jurisprudencia instalada para denunciarla, detenerla e inhibirla.
Los medios de comunicación y las redes sociales, durante la ejecución de la publicidad de las campañas, van actuando, a modo de masajeo polarizador de las opciones, y la ciudadanía es encapsulada en burbujas ideológicas que posteriormente dividen y calcifican en opiniones, en categorías de comprensión que tenemos de los procesos, y de las palabras con los cuales interpretamos la realidad. Ya no conversamos, enviamos emoticones, y con estos, el big data hace su pega de combinaciones de información ofreciendo gradualmente cada vez menos posibilidades para votar, por lo mismo, va reduciendo no solo las opciones, sino que la capacidad de pensar y de desarrollar la capacidad reflexiva.
Brasil
Este país está recién comenzando a calentar los motores para definir quién será el próximo presidente de la república federativa por los siguiente cuatro años, el 4 de octubre próximo. Al igual que Chile, es una gran elección porque se escoge a toda la cámara nacional de diputados, a los gobernadores, vicegobernadores de cada estado federado, a saber, 26 unidades, más el distrito federal Brasilia, muy similar a la distribución por regiones que conocemos.
Escoge a diputados estaduales, (similar a los consejeros regionales que conocemos) para la composición de sus respectivas asambleas legislativas, y, a una parte del senado nacional. Al igual que Colombia, también escoge a un vicepresidente de la república.
Según el STR supremo tribunal electoral, para esta elección, Brasil tendrá una densidad de 156.454.011 votantes registrados y habilitados distribuidos en 5.570 municipios. Y, por cierto, con este volumen de electores no es posible la comparación con ningún otro país de Sudamérica. Y, por lo mismo, quién gané esta elección es muy relevante no solamente para Chile.
Sin embargo, el cuadro general político de estas elecciones se inicia con la reiteración de una polarización establecida en la elección pasada, el año 2022, y que posteriormente buscó desestabilizar la democracia el 8 de enero del 2023 con una fallida intentona golpista que tiene al ex presidente Bolsonaro en la cárcel.
Es decir, después de cuatro años del gobierno de Lula, el país continúa dividido, ahora entre quienes buscan suceder al linaje y la familia Bolsonaro como marca política de derecha, y quienes quieren preservar la marca política de Lula por la izquierda.
En la actualidad, aunque aparece un listado de seis candidatos para la primera vuelta que incluye a: Luis Ignácio Lula Da Silva y al sucesor del linaje familiar, Flavio Bolsonaro, junto a Romeu Zema, Ronaldo Caiado, Renan Santos, y Augusto Cury; de acuerdo a las encuestas de opinión, los demás candidatos no consiguen alterar el rumbo del resultado. La disputa será entre Lula y Bolsonaro hijo.
Al cierre de esta opinión, es tal vez relevante destacar que suponiendo la existencia de un marco general de polarización ideológica ante la emergencia de una ultra derecha populista vivida en la región, y en el mundo, teniendo como ejemplo cercano a Milei en Argentina, y a Trump en Norte America, quiénes obtengan la victoria en estas elecciones no es ni será un detalle menor. Por lo mismo, debiera ser una oportunidad para observar y reflexionar a la distancia.
Para las fuerzas políticas desde la derecha democrática, pasando por el centro y la izquierda, este resultado no debiera ser neutro a la luz de nuestra propia experiencia. Y, no solamente porque se hace una defensa de la democracia sudamericana a través del voto popular, sino, por la oportunidad de recuperar los guardarraíles de la forma, el tono, el fondo de los derechos sociales, y derechos humanos en general, que han sido recuperados y logrados en estas democracias frágiles, después de gobiernos burocrático militares o dictaduras.
Es necesario recuperar o volver a construir un sentido común democrático de acuerdo a los nuevos tiempos que se viven con la Inteligencia Artificial, el auge de la clase de capitalistas de la nube tecnológica, y por cierto con consciencia del cambio climático. Y, ese sentido común debiera expresarse en normas, leyes para judicializar, desde el Estado, los procedimientos perniciosos de distribución de datos falsos.
Las democracias que se han logrado construir presentan fallas, y están más expuestas con las redes sociales a la extracción de renta. En algunos casos con resultados más graves que otras como bien lo señalan Levitsky y Ziblatt en “Como mueren las democracias” (2018), y, sobre todo en lo que respecta a la tolerancia mutua, y la contención institucional.
En un mundo gobernado por el sesgo, la ambigüedad en el plano de la ética y la moral, tratando de sobrepasar al adversario político a través de una competencia deslegitimadora, con falacias que subordinan la intención última y lesionan la confianza, es necesario encontrar en estos procesos electorales, una forma de avanzar también en la construcción de verdad.
En este sentido, se hace necesario reforzar y tener conciencia que la pedagogía y el aprendizaje están ocurriendo cotidianamente en la sociedad en materia de convivencia y valores de la misma. Por lo mismo, no todo vale en el ejercicio del liderazgo.





