María Ester Muñoz S., Enfermera, Coordinadora Área Salud integral de VITALIS Centro de Longevidad y académica de la Universidad de Talca.
El mejor abrigo para este invierno no siempre es la ropa más gruesa. Para las personas mayores, protegerse del frío también significa vacunarse a tiempo, mantenerse activas, alimentarse bien y contar con una comunidad que acompañe y cuide, las bajas temperaturas ponen a prueba nuestra salud, pero no afectan a todas las personas por igual. La población mayor constituye uno de los grupos más vulnerables, ya que el envejecimiento produce cambios fisiológicos que disminuyen la capacidad del organismo para regular la temperatura corporal y responder frente a las infecciones. Esto significa que un cuadro respiratorio que en una persona joven puede resolverse sin mayores complicaciones, en una persona mayor puede derivar en hospitalización o incluso poner en riesgo su vida.
En Chile, las enfermedades respiratorias representan una de las principales causas de consulta y hospitalización durante los meses de invierno. Las personas de 65 años y más concentran una proporción importante de las hospitalizaciones por influenza y neumonía, mientras que la neumonía continúa siendo una de las principales causas de muerte en este grupo etario. A ello se suma que cerca del 85% de las personas mayores vive con al menos una enfermedad crónica, como hipertensión, diabetes o enfermedades cardiovasculares, condiciones que aumentan el riesgo de presentar complicaciones durante esta época del año.
Frente a este escenario, la vacunación constituye una de las medidas preventivas más efectivas disponibles. Diversos estudios internacionales muestran que la vacuna contra la influenza puede reducir entre un 40% y un 60% el riesgo de enfermedad grave, asimismo, las vacunas contra el COVID-19 continúan disminuyendo significativamente el riesgo de hospitalización y fallecimiento en personas mayores, especialmente cuando se mantienen los refuerzos al día. La vacunación contra el neumococo también contribuye a prevenir infecciones graves y sus complicaciones.
Sin embargo, protegerse del invierno va mucho más allá de vacunarse. Desde Centro de Longevidad Vitalis de la Universidad de Talca, promovemos un envejecimiento saludable que pone énfasis en la prevención y el autocuidado. Muchas veces son las acciones cotidianas las que generan el mayor impacto.
Mantener el hogar a una temperatura confortable, ventilar diariamente los espacios durante algunos minutos, utilizar varias capas de ropa, cubrir manos, cuello y cabeza al salir, hidratarse aunque no exista sensación de sed y utilizar mascarilla en lugares públicos, son medidas sencillas que ayudan a conservar la temperatura corporal y disminuir el riesgo de enfermar. Del mismo modo, continuar realizando actividad física, aunque sea caminando dentro del hogar o participando en talleres comunitarios protegidos del frío, permite mantener la fuerza muscular, el equilibrio y el sistema inmunológico en mejores condiciones.
Pero el invierno también nos recuerda la importancia del cuidado colectivo. Una llamada, una visita o acompañar a una persona mayor a vacunarse o a un control de salud puede ser tan relevante como cualquier tratamiento médico. El bienestar en la vejez no depende únicamente de los servicios de salud; también se construye desde las familias, los barrios y las comunidades.
En Vitalis creemos que promover la longevidad saludable implica anticiparse a los riesgos y fortalecer los factores protectores. Cuidarse del frío no significa dejar de vivir, sino adoptar medidas simples, basadas en evidencia, que permitan mantener la autonomía, la participación y la calidad de vida. Porque el mejor abrigo no es solo un buen chaleco; también lo son la prevención, la vacunación y el compromiso de acompañarnos y cuidarnos entre todos.




