Por Reinaldo Cubillos — Presidente Asociación Descubre Curicó · Miembro Organizador del Encuentro de Empresas del Maule.
Hace algunas semanas estaba en una reunión con un grupo de empresarios de la región. No era una reunión formal. No había agenda oficial ni presentación de PowerPoint. Era una conversación de esas que empiezan con un café y terminan dos horas después con tres ideas nuevas sobre la mesa, dos colaboraciones en proceso y al menos una oportunidad de negocio que ninguno de los presentes habría encontrado solo.
Había gente de Curicó, de Talca, de Linares. Empresarios que operan a menos de una hora de distancia entre sí y que, en varios casos, no se conocían. Ese detalle es el que me persigue desde entonces.
Porque salí pensando algo incómodo: el mayor activo del Maule no está en ningún presupuesto público ni en ningún plan de fomento. Está en la sala cuando los empresarios correctos se encuentran. Y esa sala, en nuestra región, casi nunca se arma.
Tenemos agroindustria de clase mundial. Tenemos vino que se exporta a cuatro continentes. Tenemos frutas, carne, industria forestal y de celulosa. Tenemos capacidad logística instalada entre Santiago y el sur. Tenemos universidades, institutos y técnicos capacitados en las tres provincias. Tenemos, en resumen, los ingredientes. Lo que nos ha faltado, y esto no es una crítica, es un diagnóstico honesto, es la mesa donde esos ingredientes se convierten en algo mayor.
Cuando uno mira el Maule con los datos del Servicio de Impuestos Internos en la mano, la conversación cambia de tono.
La región tiene 75.384 empresas vigentes: el 6,6% de todas las empresas de Chile. No somos una región pobre en tejido empresarial. Al contrario, tenemos más densidad empresarial que el promedio nacional.
Pero de esas 75.384 empresas, solo 692 son grandes. Un 0,92%. Menos de una de cada cien. Y en el otro extremo, casi siete de cada diez son microempresas.
Hay un dato más que vale la pena mirar de frente: en 2024 el Maule registró una tasa de creación de empresas de 10,74%, por debajo del promedio nacional de 12,40%. Estamos creando empresas más lento que el resto del país, mientras las que ya existen tienen dificultades para dar el salto de tamaño.
Ese es el verdadero problema. No es cantidad. Es escala. Y la escala, en economías regionales, casi nunca llega sola: llega por articulación.
Una empresa de veinte personas que se conecta con la cadena de valor correcta, con el proveedor correcto, con el cliente ancla correcto, puede duplicarse en tres años. La misma empresa, aislada, se queda del mismo tamaño una década entera. La diferencia no está en el talento del dueño. Está en con quién se sienta a conversar.
Y hay algo más que los datos dejan ver: el Maule está concentrado. Comercio y agro explican la mitad del tejido empresarial regional. Eso no es un defecto, es nuestra base productiva. Pero una región que quiere crecer necesita que esa base se conecte con lo que está emergiendo: tecnología aplicada, servicios especializados, logística, energía. Y esas conexiones no ocurren por decreto. Ocurren cuando la gente se encuentra.
Las regiones que se transforman no lo hacen porque de repente aparece un recurso que antes no existía. Lo hacen porque la gente correcta empieza a encontrarse con la frecuencia correcta, alrededor de una visión compartida.
Bilbao no se transformó porque el gobierno español le transfirió más presupuesto. Se transformó porque un grupo de líderes vascos, empresarios, arquitectos, académicos, funcionarios públicos, decidieron reunirse alrededor de una pregunta que nadie había hecho en voz alta: ¿qué región queremos ser? De esa pregunta nació el Guggenheim. De ese edificio nació una nueva identidad. De esa identidad nació una economía completamente distinta.
No estoy diciendo que el Maule necesita un Guggenheim. Estoy diciendo que el Maule necesita esa pregunta. Y necesita la sala donde hacérsela.
Y no hay que ir a España para encontrar el ejemplo. En el Biobío, el encuentro empresarial regional lleva más de tres décadas convocando a más de mil asistentes cada año. En O’Higgins ya van diez ediciones. En Santiago, ICARE es una institución.
El Maule con 75 mil empresas, con la agroindustria que sostiene una parte central de la exportación chilena no tenía nada equivalente. Cero. Ese es el hueco que estamos llenando.
El networking no es un evento social. No es intercambiar tarjetas ni tomarse una foto para las redes. El networking real es el proceso por el cual las ideas encuentran recursos, los recursos encuentran talento, y el talento encuentra propósito. Es el mecanismo más antiguo y más efectivo de desarrollo económico que existe, y no requiere ley, decreto ni licitación.
Cada vez que empresarios del Maule se sientan en la misma mesa con una intención real, ocurren cosas que ningún plan de fomento logra replicar. Ocurre confianza. Ocurre complementariedad. Ocurre colaboración que no estaba en ningún programa. Ocurre región avanzando.
Lo que necesitamos ahora es que eso deje de ser esporádico y se convierta en sistema. Que el encuentro sea permanente, estructurado y con visión de largo plazo. Y que sea regional: que un empresario de Linares y uno de Curicó dejen de ser desconocidos entre sí.
El 24 de septiembre, en el Club de la Unión de Curicó, se realiza el EDEM 2026 Encuentro de Empresas del Maule. El primer encuentro empresarial estratégico de la región.
No es una feria. No es un seminario. Es una jornada completa donde el empresariado maulino se mira a sí mismo con datos propios, con agenda propia y con interlocutores propios: sesiones magistrales, análisis económico regional, y paneles de industria, academia, tecnología y desarrollo sectorial todos con protagonistas del Maule.
Esperamos a más de 250 empresarios, académicos, políticos, directivos y tomadores de decisión de las cuatro provincias. Si usted es dueño o directivo de una empresa del Maule, esa sala es suya.
Las empresas del Maule tienen el tamaño para crecer. Lo que necesitan es el espacio para conectarse.
Ese espacio, por fin, existe. Nos vemos el 24 de septiembre.





