Ten cuidado con las cookies

Por María José Arancibia Obrador abogada doctoranda Universidad de Talca.

Cada vez que visitas un sitio web, un banner gigante dice algo como “este sitio utiliza cookies…” y pide aceptar / rechazar / solo aceptar las esenciales. Si las aceptas, algo ocurre en silencio: tu navegador recibe pequeños archivos de texto llamados cookies. En español, galletas. El nombre es simpático, y en parte la metáfora funciona, porque cuando se inició el uso del término, al igual que las galletas reales, estas pequeñas porciones de información quedan guardadas y pueden recuperarse después. Lo que no siempre queda claro es quién las recupera, con qué propósito y qué hacen con ellas.

Las cookies tienen usos completamente legítimos. Algunas permiten que un sitio recuerde que ya iniciaste sesión, que dejaste productos en tu carrito de compras o que elegiste ver el contenido en español. Sin ellas, cada vez que cambiaras de página sería como comenzar desde cero. Se llaman cookies de sesión o funcionales, y sin ellas muchos servicios digitales simplemente no operarían.

El problema comienza con otro tipo: las cookies de seguimiento y las de terceros. Estas no existen para mejorar tu experiencia, sino para que las empresas de publicidad sepan qué buscaste, cuánto tiempo miraste un producto, qué artículos lees, desde qué ciudad te conectas y qué páginas visitas antes y después de un sitio. Con esa información se construyen perfiles de usuario que se venden, comparten y cruzan con otras bases de datos. Lo que parece una simple preferencia de navegación se convierte, en pocas semanas, en un retrato bastante preciso de tus hábitos, intereses y, en algunos casos, de aspectos mucho más íntimos de tu vida.

Cuando aparece ese aviso en pantalla que dice “Este sitio usa cookies”, tienes el derecho a decidir cuáles aceptas. La modificación a la ley de datos personales, que entrará en plena vigencia en diciembre de 2026, refuerza que los datos personales y los generados por cookies de seguimiento solo pueden tratarse con una base legal válida. Para el rastreo publicitario, esa base suele ser el consentimiento, lo que significa que en principio nadie puede seguirte en línea sin que tú lo hayas autorizado.

El detalle es que la mayoría de las personas hacen clic en “Aceptar todo” sin leer nada. Es comprensible: los avisos están diseñados para facilitar esa respuesta. El botón de aceptar suele ser grande, colorido y está en primer plano; el de rechazar o configurar, pequeño, gris y escondido tras varios pasos. Esa asimetría no es casual. Es una práctica de diseño deliberada para capturar un consentimiento que, en condiciones de igualdad real, muchos no darían.

La próxima vez que encuentres un aviso de cookies, tómate un momento. Busca la opción “Configurar preferencias” o “Rechazar no esenciales” y elige únicamente las cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Tu experiencia de navegación no cambiará en lo sustancial, pero habrás reducido la información que compartes sin saberlo.

También puedes revisar la configuración de privacidad de tu navegador y eliminar periódicamente las cookies ya almacenadas. Es un hábito menor, pero en materia de datos personales, los gestos pequeños son los que construyen una protección real.

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