María Ester Muñoz S., Enfermera, Coordinadora Área Salud integral de Centro de Longevidad VITALIS y académica de la Universidad de Talca.
El Censo 2024 confirmó una realidad que hace años comenzaba a visibilizarse en la Región del Maule: nuestra población está envejeciendo aceleradamente. El aumento de personas mayores, particularmente en sectores rurales y semiurbanos, no solo representa un cambio demográfico, sino también un desafío social y comunitario que interpela a las instituciones, las familias y a la sociedad en su conjunto.
Frente a este escenario, además de ser relevante el análisis de los desafíos sanitarios, económicos o previsionales, existe otro aspecto igual de importante: el vínculo entre generaciones.
Las actividades intergeneracionales entre jóvenes y personas mayores no debieran ser simplemente encuentros recreativos, representan además, espacios de aprendizaje mutuo, transmisión de experiencias, fortalecimiento comunitario y construcción de cohesión social. En tiempos donde avanzan la soledad, el aislamiento y la fragmentación social, generar puentes entre generaciones se vuelve una necesidad colectiva.
En el Maule, esta conversación adquiere un sentido aún más profundo. Nuestra región conserva una fuerte identidad comunitaria y territorial, donde las personas mayores continúan siendo portadoras de memoria, tradiciones y redes sociales fundamentales para la vida local.
Desde la mirada del Centro de Longevidad Vitalis, de la Universidad de Talca, las experiencias intergeneracionales representan además una oportunidad formativa. No basta con preparar profesionales técnicamente competentes; hoy necesitamos formar personas capaces de comprender el envejecimiento desde la dignidad, la participación y el reconocimiento del valor social de las personas mayores.
Cuando un estudiante conversa con una persona mayor, escucha su historia y comparte experiencias cotidianas, ocurre algo que ningún manual puede enseñar completamente: se humaniza el aprendizaje. Se derriban prejuicios asociados a la edad, se comprende el envejecimiento como parte natural del curso de la vida y se fortalece una mirada más empática hacia el cuidado y la convivencia social.
Esto es especialmente relevante en una región como el Maule, donde el envejecimiento se desarrolla en contextos territoriales diversos, marcados por características como la ruralidad, las brechas de acceso y la necesidad de fortalecer las redes de apoyo y acompañamiento social. En este contexto, promover espacios intergeneracionales no es solo una actividad complementaria; es una estrategia de bienestar comunitario.
El desafío que tenemos como sociedad no consiste únicamente en vivir más años, sino en construir comunidades donde todas las generaciones puedan encontrarse, reconocerse y colaborar entre sí. Porque una sociedad que integra a sus personas mayores también se vuelve más consciente, más humana y preparada para enfrentar su futuro yel encuentro entre generaciones puede transformarse en una de herramienta muy valiosa para lograrlo.






